Ceremonia de jura de Lealtad Eterna
El día 20 de Mayo a las 12 del mediodía allí estaba yo y veía nuevamente a esa Mujer, esa Diosa increíble quien se convertiría, en pocos minutos más, en mi Dueña absoluta al esclavizarme y hacerme Suyo en forma perpetua.Vestida como una Reina, incluso portando Su corona, así me recibió y casi de inmediato comenzó lo que sería una ceremonia en la cual yo cedería todo mi cuerpo y alma a esa Mujer, de la cual ya no me podía librar aunque lo intentara, y a la cual ya comenzaba a amar con el más sublime amor que pueda existir, el de un esclavo hacia su Ama.
La ceremonia tuvo momentos de ritual intenso, algo de castigo físico, mi jura de lealtad eterna en posición de sumisión extrema, momentos de veneración incomparables en donde mi Soberana permitió mirarla directamente e los ojos mientras me hablaba, y finalmente el bautizo, momento sublime e irrepetible en la vida de cualquier esclavo.
Después de vivir ésos momentos que serán inolvidables por siempre en mi mente, mi ya oficial Ama, Dueña y Señora, permitió que Su nueva posesión adorara, masajeara y acariciara Sus pies durante un largo tiempo, demostrando así que Ella puede ser estricta Dueña y Ama sin perder ese toque cálido y suave que la hace totalmente diferente a cualquier otra mujer, a cualquier otra Ama y a cualquier otra persona para ser Una Deidad.
Por supuesto que la sesión más importante que yo haya tenido tenía que terminar en algún momento, que toda esa magia de estar a Sus divinos pies sirviéndola, adorándola y complaciéndola en todo lo que necesitaba debía llegar a su fin y así fue, el momento del fin llegó y sucedió con el toque que solo Su Majestad Máxima puede darle a las cosas.
Al término de alguna conversación entre Ella y yo, durante la cual tuve incluso la autorización de mirarla a los ojos, mi Ama me dijo que podría besar y disfrutar de Sus divinos pies durante los últimos 5 minutos en Su presencia. Hice todo lo posible para aprovechar al máximo esos minutos tratando de que el perfume de esos pies quedara en mi boca y mis manos y los adoré como nunca antes había hecho nada parecido.
Luego vino la cuenta regresiva, esa costumbre de mi Ama de contar lentamente desde diez hasta cero para darme los últimos segundos de veneración y excitación extrema. Desde el mismo momento en que la divina Diosa comenzó el conteo besé y acaricié Sus pies desesperadamente pensando que no podría volver a hacerlo por un tiempo que sería interminable. La cuenta seguía adelante impiadosamente y al llegar al número 4 me incorporé muy rápidamente y me moví hacia adelante acercándome a mi Ama que yacía recostada en todo Su esplendor y belleza incomparable. La miré unos segundos a los ojos, Ella me miraba desde detrás de Sus anteojos con un esbozo de sonrisa demostrando cuanto disfrutaba al verme completamente desesperado y excitado como nunca antes en mi vida. Cuando mi Ama pronunció el número 3 bajé mi cabeza y comencé a besar Sus manos que estaban apoyadas sobre Sus piernas. No pedí permiso para hacer ésto, se me terminaba el tiempo, temí por unos instantes que mi Ama se enojara o quitara Sus manos de allí por no haberlo hecho, pero Ella no las movió y me permitió seguir besándolas suavemente mientras deseaba agradecerle por tanta dicha y el honor de pertenecerle en esclavitud. No sé si habré pronunciado palabras de agradecimiento, no sé si lo hice, pero en mi mente estaba esa idea, la de agradecerle a esa Sublime Diosa el haberme permitido poder adorarla y venerarla durante toda la sesión. Pasaron finalmente los últimos segundos y mi Ama llegó al final de la cuenta regresiva, yo entonces levanté mi cabeza y la miré a los ojos. Ella estaba allí, mirándome, con una sonrisa en Sus labios, plena, altiva, divina, inalcanzable, majestuosa, entonces caminé algunos pasos hacia atrás y comencé a retirarme de Su presencia.
Desde la primera vez que estuve con Domina Máxima el tema de la cuenta regresiva me pareció algo maravilloso ya que combina la crueldad de una Diosa que condena a Su esclavo a tener que retirarse, pero al mismo tiempo le da la oportunidad de venerarla al máximo durante esos cortos segundos.
Solo me queda ahora trabajar para poder mantener mi condición de esclavitud, y adorar cada vez más a mi Ama, respetarla y amarla con toda mi alma, dejando de ser yo mismo en el momento en que puedo estar ante Su presencia.
Gracias mi divina Ama y Dueña, no tengo palabras para agradecerle.
Mi juramento de lealtad eterna y las palabras que con tanta emoción pronuncié en la Ceremonia me acompañarán por siempre y para siempre.
"Arrodillado y tendido a Sus pies......" Su fiel esclavo c12
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